¿Has visto alguna vez algo que parecía invencible desmoronarse?
El Egipto de la época de Ezequiel era la superpotencia del mundo, pero el juicio de Dios pesaba sobre él.
Cuando nos enorgullecemos de nuestros logros, estamos diciendo: 'Esto es mío'. Lo que Dios quiere es nuestra humildad.
El Nilo era adorado como divinidad. El faraón se enorgullecía de su soberanía; pero Dios es el único creador.
Dios usó a Nabucodonosor, a pesar de su irreverencia, para cumplir Su plan sobre Egipto.
Aún en el juicio cruel, Dios prometió restaurar a Egipto después de la disciplina. Él quiere transformación, no destrucción.
Cuando enfrentamos desafíos, puede ser una oportunidad para volvernos hacia Dios y reconocer Su soberanía.
Reflexiona: ¿qué en tu vida necesita la mano transformadora de Dios? Mantente abierto al cambio.
Elijamos la humildad y reconozcamos a Dios como la fuente de nuestras victorias y de todo lo que somos.
Ahora es tu turno: dile a Dios que dependes de Él. ¡Haz esta oración y mira la renovación!
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